miércoles, 22 de agosto de 2012

De tu adios...


No se si te diste cuenta que hace mucho que rompiste el espejo que el tiempo te regalo. Fuiste sólo una persiana baja de sueños leídos entre líneas. Ahora portas en tu espalda la malicia hecha ahínco y fabricas con barro el oráculo del universo, y vendes; con versos, el resto de las poesías mal escritas.

Te perdiste entre sueños y palabras, ahogándome de deseos y tormentos, controlando siempre que la soga que nos mantenía en lo alto no se termine por cortar.

Pero caíste, y caí. Y fuimos más que insultos en la niebla que nos veía pasar. Perdimos un poco más de lo que queríamos y sufrimos un toque más de lo que pensamos. Eramos eternos y medio enjaulados. Fantasmas eventuales de un pasado sin ser, de una muerte anunciada, de futuros imaginarios. Repletos de colores pálidos, de calidades intensas, de sonidos varios, de amenazas inmensas.

Por eso pagamos el precio de la crudeza, y deshicimos nuestro amor en gotas de cerveza, y cumplimos más de un cuarto de lustro bebiendo las mentiras que en cada gota gris que de tu mente caía, era un sorbo más de lo que afuera de mi y de vos, desaparecía.

Quizás sea eso lo que me convoca a esta silla vacía, a nuevamente la cama fría, el decirte adiós una y mil veces, a aprender a perderte. Otro invierno de tu adiós, un nuevo saludo a la primavera, con la lucha constante de no encontrarte en cada espacio que habitaste.


Mariana Fasce - Santiago Abregú